Con la noticia del cierre de la librería Prólogo, en Bogotá, se revela un problema de preocupación para la ciudad y para la literatura: ser independiente no es negocio. Acá una pequeña especulación al respecto.
En las últimas semanas se han dado varios anuncios de cierres de librerías independientes en Bogotá. Noticia atada a otras de igual o mayor preocupación como las de robos a bibliotecas comunitarias y proyectos donde la única pretensión es acercar la literatura a una comunidad.
El mensaje que queda en el aire es que, efectivamente, el negocio de vender libros de manera independiente y especializada no es rentable en una ciudad que, por estadísticas, es de las más letradas del país. Claro, esos números hablan de todas las posibilidades del libro, donde resalta que la lectura de textos-manual es lo más rentable para las Grandes Compañías. ¿Cómo querer estar en ese negocio al margen del libro-rentabilidad, apostando por el libro-lectura?
Sí, estoy señalando que leemos mucho pero leemos lo que por alguna razón enseña. Y lamento decir que la literatura no está creada para enseñar. Y las librerías que quieren tener un pequeño nicho de lectores-compradores de libros literarios no pueden llegar a fin de mes. Así hayan nacido hace seis meses o veinte años en el negocio, en este 2026 han anunciado sus cierres. Y es evidente que el motivo es económico ya que hablan de liquidación total de sus existencias con descuentos que esperan atraigan a sus contados fieles.
Considero que es tema a discutir ya que entidades como la Cámara del Libro o Idartes y su Gerencia de Literatura apuntan a que el lugar de "economía naranja" o como la quieran llamar ustedes respecto de lo literario en tanto producción es, en últimas, ser editor y contar con un espacio para la venta de esos productos editados. Ahí creo que nace la paradoja de la literatura.
El "producto" de un actor es su actuación. De las audiovisuales es la película. De la danza es su baile. Pero, ¿del literato o escritor de literatura? Es vender todo tipo de libros. Porque se asoció la literatura con el amplio mercado del libro. Y el libro no es necesariamente literario. Hoy en día la literatura se está relacionando con los clubes de lectura o de promoción de la lectura, donde otra vez la categoría se hace un tanto difusa. Seguramente ya existirán clubes de lectura de matemática o de biología. Porque, otra vez, se paga por algo porque enseña.
Si no enseña, si no hay un conocimiento avalado por un cobro, un pago, un costo, unos accesorios añadidos como bolsos, cajas, separadores, lapiceros y cuanto producto de marketing se pueda asociar al costo de un espacio con libro, no tiene sentido ni un club ni un libro literario. Y sobrevivir por amor al arte es algo totalmente injusto.
Parece que la salida es siempre la de convertirse en bodega mayorista de una o ambas editoriales dominantes del mercado. Y ser booktuber o como se llame en TikTok o Instagram y promocionar libros que regalan porque estas Entidades Dominantes exigen publicidad gratuita y venta de libros asociado a clubes. Soy un descreído de los derechos de autor como protectores de la creación del escritor. Ahora protegen el negocio de las editoriales con la excusa de proteger al autor que, como ya sabemos, es el mínimo porcentaje en el pastel de la repartición.
No es buen panorama para la literatura. Sí para el libro como objeto de consumo. Y luego nos preguntamos lo que nos preguntamos de los cambios de pensamiento en estas latitudes. Pero eso es un tema para discutir en otro momento.

1 comentario:
Gracias Diego, quedé muy triste por el cierre de Prólogo; lo que tengo para decir es: tener una librería es un negocio y si deberíamos comprarles libros y no deberíamos cobrarles a ellos conceptos como que la literatura debería ser gratuita esas son cosas que se trabajan desde las legislaciones. Pero hoy como estamos ellos venden y nosotros compramos. De no ser así todas cerrarán.
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