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(Otra) Modesta proposición

Divagaciones sobre cosas.

 Este texto surgió para un concurso de ensayo corto y su vida terminó por motivos administrativos. Se los comparto acá como un texto que puede invitar a pensar y ampliar las reflexiones sobre el tema. O eso espero. 

 En esta ocasión intento, como toda escritura, proponer unas cuantas reflexiones sobre la relación que encuentro entre lo que puede brindar la creación de textos literarios (narrativos o poéticos, no importa), con el ejercicio de la lectura imaginativa compartida, como un posible camino que nos conduzca a un “estado de paz”, de cierta manera parecido a lo que plantea Kant en su “Paz Perpetua”. 


Quiero empezar reflexionando por cuál puede ser un posible camino hacia eso que hemos considerado en llamar “paz”. A mi modo de ver y entender, esa paz puede ser, entre muchas otras posibilidades, un “estado de comunidad”. Me refiero a la posibilidad de que podamos configurar una (o varias o múltiples) comunidades que se reúnan alrededor de un elemento que será fundamental para este corto texto: la imaginación. ¿Qué imaginar? Precisamente, la paz. 


¿Por dónde empezar a configurar estas comunidades? Por la necesidad, imperiosa, de poder imaginar qué mundo queremos compartir en beneficio de todos. ¿Ambicioso? Como debe ser, pero ya veremos por qué. El lugar o espacio que propongo para alcanzar esta meta que parece utópica, es el de la literatura. “Nuestra tarea, como agentes, es vivir como los buenos personajes de un buen relato, preocupándonos por lo que pasa, haciendo frente a cada novedad con habilidad”, dirá con mayor claridad Martha Nussbaum. Leer literatura y vivir a través de ella. ¿Cuál literatura? Yo digo: toda. No como una meta de totalidad a alcanzar, sino como no descartar la variedad que en ella se encuentra. No abogo solo por “la excelente” literatura o “la mejor”, criterios que pueden caer en la subjetividad individual. Leamos de todo, pero hagamos una lectura no aislada de los otros ni del mundo. No esa lectura instaurada como la del marginal o la del oculto. Leamos en grupo, leamos para otros, leamos para compartir. En el acto mismo de compartir lo leído podemos, en efecto, configurar una comunidad imaginativa de un mundo posible. Y, por qué no, entre esas muchas posibilidades, imaginar eso que llamamos “un mundo de paz”. 


Ahora bien, parece ser que “imaginar” aquel mundo es algo que ya pudimos haber hecho antes. Y quizás son proyectos que se desvanecen con el silencio. ¿Qué faltaría para “hacerlo real” o concreto? Es ahí cuando integramos el acto creativo de la palabra literaria. Así como hemos conformado comunidades lectoras alrededor del placer de leer para compartir, para otros, para nosotros, de la misma manera podemos emprender ese acto de libertad que es el de crear, a través de la palabra creativa de lo narrativo o lo poético, de nuevo, no como un objetivo individualizador que en múltiples ocasiones se nos ha presentado, sino como un ejercicio colectivo. La literatura como acción creada, como texto creado, obra escrita o plasmada, cuento, novela, poema, fábula, es ahí donde, en efecto, “hacemos real” nuestra imaginación: en la realización del texto que se crea y comparte con otros y para otros.


¿No nos han dicho múltiples veces que creamos cuentos y poemas para conocernos a nosotros mismos? En efecto. Este ha sido el camino que la creación y la creatividad en la literatura, particularmente, ha sido asumida en los últimos años. Y tampoco creo que debamos simplemente abandonar este objetivo. Creo que es momento de integrarlo a uno, permítanme la licencia, de mayor envergadura. Consideremos un segundo momento en el que, a partir de esa comunidad en la que comparto inicialmente lecturas que comento y comparto con otros, que otros me comparten, surge como necesidad, la necesidad de crear, de imaginar eso que anhelamos, que deseamos, que soñamos, que necesitamos. No todo ejercicio de la humanidad es ejercicio político, a mi manera de ver. También están estos ejercicios civiles de reunirnos por la libertad y posibilidad de nuestros derechos y deberes consagrados y que nos acogen, para poner en práctica otro ejercicio que, por una u otra razón, se ha ido degradando: el de imaginar. 


¿Por qué ha sucedido esta “degradación”? No haré un análisis en profundidad de este criterio ya que desbordo el alcance de este texto, pero enfatizaré en un fenómeno de recién impacto en toda actividad creativa e imaginativa humana: las llamadas Inteligencias Artificiales. 


Debo, necesariamente, citar las palabras del papa León XIV en su Carta Encíclica Magnifica Humanitas. Sobre el tema de las IA, tema esencial para esta encíclica, nos pregunta al inicio del capítulo particular del tema: “¿Qué estamos construyendo?”. Pregunta válida y propicia para la propuesta de este ensayo. Y nos hace una invitación que para mí es tentadora: “animo a todos, en especial a los fieles laicos, a no tener miedo de dejarse interpelar por la realidad, de ponerse a la escucha recíproca y de asumir con firmeza en la propia responsabilidad en la construcción de una sociedad más humana y fraterna”. ¿Cómo crear una sociedad más humana cuando una herramienta tan poderosa en su alcance como las IA parece haber capturado un aspecto fundamental de lo humano como el ejercicio de la creación, en particular, la creación artística? 


Incluso hay temor de quien recibe este texto sobre si hay uso o no de dicha herramienta en la construcción del mismo. Mi propuesta al respecto es: no hay que temer. Hay que saber qué hacer. La interacción con dichos generadores de textos IA es, precisamente, a través de la escritura. Y lo que nos arroja es, en efecto, texto para ser leído. Creo yo que hay que extender el alcance de la propuesta acá planteada, a saber, leer como acto imaginativo y escribir como acto creativo, para hacer de las IA un intermediario. El filósofo Luciano Floridi llamará a esto una “escritura distante”, en tanto que, lo que arroja la IA no es creación mía, aunque lo que sí necesito es tener una habilidad escritural para ingresar un prompt acorde al requerimiento. 


Entonces, la IA es una herramienta y esta es una modesta proposición. Espero que el diálogo crezca. 


 

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